
Después de miles de años el pueblo de la antigua Grecia se mantiene como el paradigma de la cultura occidental. Su literatura, medicina, deportes y filosofía siguen maravillando a todo el planeta. Los conceptos que nos legaron, permiten el desarrollo de nuestra civilización y su evocación es una constante de todas las épocas.
Martin Heidegger afirmaba que la palabra filosofía, en tanto que griega, exigía entrar en diálogo con el mundo griego. No es posible hablar de esta vieja palabra, sin hacer referencia a nombres como los de Tales, Sócrates, Platón y Aristóteles. Pero no sólo la filosofía tiene una fuerte raíz griega, podemos encontrar en palabras tan importantes para nuestra cultura como lo son Democracia, Justicia, Hombre, Humanidad, Ética, Política y Amor.
Por lo tanto, el estudio de la cultura griega no es una labor de memorización de fechas y datos, sino el contacto con el mismo origen de lo que somos. La historia nos pasa y nos repasa en un eterno retorno de lo mismo, como decía Nietzsche. Las preocupaciones de los griegos, son muy similares a las nuestras.
Hoy en Colombia, donde la injusticia camina rampante por el campo y la ciudad, donde la cultura de la muerte y la violencia desgarra la vida de la inmensa mayoría de compatriotas, se hace sumamente necesaria la reflexión del concepto mismo de Justicia. Reflexión que se enriquecería en el diálogo con el origen mismo del concepto, que nos lleva irremediablemente al mundo griego.
El eco griego todavía se escucha en nuestras polis (ciudades). La ciudad fue el motor de la vida griega. Allí transcurría el devenir de su cultura, en el ágora (plaza pública) se exponían los problemas de la comunidad y se entablaban los debates más importantes. Cada polis (ciudad) tenía su propio gobierno, por lo que no es posible hablar de Grecia como un Estado, en la acepción moderna del término.
Cuando hablamos de la antigua Grecia, hablamos de un conjunto de polis (ciudades) que habitaban en la península del Peloponeso y multitud de islas por todo el mar Mediterráneo desde Sicilia y algunos sectores de lo que hoy es Francia, España e Italia hasta la costa de lo que hoy es Turquía. Este pueblo floreció entre los años 2000 a. C y el primer siglo de la era cristiana, cuando cayó en manos del Imperio Romano.
Los elementos de unidad fueron el idioma, la religión y los nexos económicos. Sin embargo, era común que las ciudades se disputaran el control militar y económico de ciertas zonas o colonias. La primera gran polis griega fue Cnosos en Creta, su posición en medio del mar Mediterráneo hizo de esta ciudad un punto de encuentro entre Oriente y Occidente. Su dominio marítimo le permitió entrar en contacto con regiones del África, Asia y Europa. La etapa de dominio cretense se denomina Edad Minoica (2.000-1.100 a. C) por el nombre de su rey más representativo Minos. Durante esta etapa se produjeron varias guerras entre ciudades del mundo griego como la Guerra de Troya, de la cual trata La Ilíada de Homero. Esta es la etapa de mayor producción literaria de los “poetas” como Hesiodo y Homero. También es la de consolidación de lo “griego”.
En el año 1.100 Creta fue sacudida por una gran erupción volcánica que acabó con varias ciudades y dejó en ruinas a Cnosos. El final del esplendor cultural derivó en lo que se conoce como la Edad Oscura (1100-750 a. C) del mundo griego, donde no se produjeron la misma cantidad de textos que antes, lo que no permite saber mucho de este período histórico. Atenas y Esparta se fueron consolidando como las dos principales ciudades griegas en la Edad Arcaica (750-500 a. C) durante este período nacen los primeros filósofos y a la par de la tiranía, se gesta los ideales democráticos que posteriormente caracterizarían a Grecia.

El período Clásico (500-323 a. C) fue el momento de mayor desarrollo cultural y económico de Grecia, también el de mayor rivalidad entre Atenas y Esparta, donde la primera se dedicó al cultivo de la música, la filosofía y la ciencia, mientras la otra ciudad se dedicó al desarrollo militar, después de soportar dos invasiones persas en las conocidas como Guerras Médicas (480-449). Se produjo la Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta (431-404 a. C) de los combates internos de los griegos Macedonia, que hasta ese momento era un pequeño estado al norte de Grecia, se vio beneficiada y en el año 338 a. C invadió a Grecia, las tropas del rey Filipo I derrotaron al conjunto total de las ciudades griegas. Esta invasión provocó la absorción por parte de los macedonios de la cultura griega, convirtiendo a los dioses griegos en los suyos, las costumbres griegas en las suyas.
Alejandro quien fuera el sucesor de Filipo I, llevó las fronteras de Macedonia hasta lo más profundo de Asia y con ello la cultura griega. Este período es llamado el Helenístico (323-146 a. C) pues el acumulado cultural de Grecia se impuso dentro de lo que ha sido el Imperio más grande de la historia. Con la muerte de Alejandro por pena de amor, pues su amante era uno de sus principales generales y al no soportar la muerte de éste, Alejandro Magno se entregó al licor y murió de Cirrosis. El Imperio fue dividido entre sus sucesores, lo que debilitó la unidad del mismo y esto permitió que en el 146 a. C. los romanos conquistaran Grecia. Los romanos al igual que los macedonios se “helenizaron” a tal punto que hicieron la religión griega la religión del Imperio. Los cristianos posteriormente utilizaron los textos de Platón y Aristóteles para fundamentar teóricamente su religión. Y en el Renacimiento (siglos XV y XVI d. C), los humanistas hicieron como bandera suya el rescate de los valores griegos.
En la filosofía, el referente siempre han sido las obras de los griegos. En la filosofía contemporánea, Nietzsche y Heidegger subrayaron la importancia de rescatar ciertos elementos originarios de la filosofía en Grecia. En conclusión, la vigencia del pensamiento griego a más de 2000 años de su auge, ya de por sí da valor a su estudio detenido y rumiante del mismo.
